miðvikudagur, apríl 19, 2006

Esto blog estaba muerto, pero quiero escribir algo en Español y por eso creo que tal vez, va a sobrevivir. Estoy muy cansada y por eso, no puedo escribir más ahora, pero eso esta un cuento que Sif y yo escribíamos. Disculpame por todos los errores.

En el medioevo se creía en la magia y en las supersticiones. Ahora, se cree en marcianos o en un futuro dominado por los ordenadores o los robots. Yo, más bien, no creo en nada, o no creía en nada, hasta que conocí a Aitor.
Era un día muy normal y corriente en el restaurante donde trabajaba todos los días. Un día el jefe me llamó a su oficina para decirme que había empezado un empleado nuevo. Se llamaba Aitor Yraola y yo le tenía que enseñar el sitio y explicarle un poco como funcionaban las cosas. Aitor parecía un chaval bastante raro, hablaba como si estuviera muy nervioso y parecía estar en su mundo. El primer día de trabajo vino vestido como sí fuera de otra época. Le pregunté de dónde era y qué había hecho en los últimos años. Dijo que vivía en Las Rozas, en el mismo lugar donde trabajábamos en el restaurante. También dijo que no importaba dónde había vivido porque aunque me lo dijera nunca lo podría creer. Lo que me dijo me causó mucha curiosidad.
Las semanas pasaban y poco a poco empezamos a conocernos mejor.
Un día, después del trabajo me invitó a tomar un café. Me contó una historia increíble. Me explico que había viajado en una maquina de tiempo. Cuando lo oí por primera vez me eché a reír. Le dije que me estaba tomando el pelo. Vi en su expresión que estaba hablando en serio y que no le hacía gracia.
Cuando escuchó tal disparate creí que Aitor se había vuelto loco. Me parecía una tontería escucharle. Me invitó a su casa para mostrarme que la máquina de tiempo existía. Entramos en su habitación. Era una habitación muy tranquila en el centro de Las Rozas. Abrí un cuarto y en el centro se encontraba la máquina mágica. Aitor apretó a un botón y no pasó nada. Creo que nos quedamos viendo la maquina durante tres minutos o más cuando Aitor dijo: ?¡Qué raro, funcionaba perfectamente hace dos horas! Quizá, cuando lo hago con dos personas no funciona.? ?¡Sí, puede ser!? Le respondió. En verdad, me sentí como una idiota haber creído en semejante tontería. Creía que la maquina mágica iba a funcionar. ?¡Ven conmigo!? Dije ?Vamos a cenar en un restaurante. ¿Tienes hambre, no?? Sin decir nada, Aitor fue a ponerse el abrigo. Abrió la puerta muy lentamente y se fue, sin zapatos, a la calle. Ni siquiera podría mirar por arriba porque chocó contra un caballo. Corrí para ayudarle, pero tuve que parar cuando dos caballos vinieron con caballeros en armaduras. ?¿¡Qué esta pasando!?? Grité a Aitor. ?¿¡Por qué hay caballos en la calle!?? ?¡Hay más!? Aitor gritó y miró al cielo. Cuando miré para arriba casi me mareé. En el cielo había caos. En el mismo momento podría ver aviones, Ovnis y dinosaurios volando. ?Leches? dije y siguió Aitor corriendo. Paramos en un rincón y vimos ¡A Don Quijote de la mancha! Se acerco y dijo: ?Ese cuerpo señores, que con piadosos ojos estáis mirando es el cuerpo de Crisóstomo? ¡¿Crisóstomo?! Aitor chilló. No podíamos ni creer lo que estaba pasando. ¡Vimos el cadáver de Crisóstomo! Don Quijote se acercó y dijo: ?ya sé yo, y los que aquí venimos, la historia desde vuestro enamorado y desesperado amigo, y sabemos la amistad vuestra, y la ocasión de su muerte y lo que dejó mandado al acabar de la vida.? ?¿De que esta hablando, Aitor?? ?No lo sé, pero me acuerdo de estas líneas en la novela de Don Quijote.? ?¡Si, es verdad! Pero no sabia que era una historia verdadera. ¡Solamente es una novela de Miguel!? ?¿En que época estamos? Parece que los tiempos se han unificado, Aitor dijo. ¡Tenemos que encontrar la maquina del tiempo y volver a nuestra época! Eso no puede seguir así. ¡Vamos, corre chico, tenemos que encontrarla antes de que sea demasiado tarde!? Don Quijote nos seguía y dijo: ?¡Esperan caballeros! No podéis dejar el cuerpo de Crisóstomo.
No, saben que él murió a manos del rigor de una esquiva hermosa ingrata, con quien su imperio dilata la tiranía de amor? ?si, lo sabemos pero tenemos que irnos ahora. Perdónanos señor Quijote, pero no es nuestra época y no tenemos tiempo para quedarnos. Ha sido un gran placer conocerte señor pero tenemos que irnos ya.? ?Vale caballeros, pero antes de que os vayáis os doy un collar. Un collar para recordar la muerte de Crisóstomo, y para dar las gracias por todo lo que habéis hecho para la nación de España. Cogimos el collar y seguimos corriendo a buscar la casa de Aitor. En el camino vimos construcciones futuristas y dinosaurios gigantes que pisoteaban las casas. Por fin vimos la casa de Aitor y entramos rápidamente. Vimos la maquina mágica en el cuarto de estar. ?Concéntrate, Aitor? dije. No puedes dejarlo fallar otra vez. Apretamos un botón y... ?TASSSSSS? ¡La maquina explotó! ?¡Leches! Grite. ¿Y ahora que hacemos? ?No lo sé,? Aitor dijo. Abrí la puerta y vimos las casas de la calle de Las Rozas. ?¡Mira Aitor, Lo hemos conseguido! ? Aitor miro por la ventana. ?¡Si, es verdad!? Salimos de la casa de Aitor con un sentimiento de tranquilidad. ?¿A sí que todo esto era verdadero? ¿No es tu primera vez que viajas por el tiempo verdad? ?. ?La maquina es mi experimento pero ahora la maquina se ha roto y jamás podré viajar por el tiempo? ?Yo creo que es lo mejor para ti. Ya tienes la experiencia y nunca sabes sí te quedaras en el futuro o en el pasado.? ?Tengo que irme a casa, Aitor. Ha sido una aventura muy emocionante, ¿quieres acompañarme a casa? Sí. Aitor me acompañó. Cuando llegue a casa me sentí como todo hubiera sido un sueño. Me eche a la cama y di la luz. Cogí la novela de Don Quijote y me puse a leer. Leí el capítulo del Crisóstomo. Cuando había leído un poco me di cuenta de algo muy extraño. ¡La historia se había cambiado! Estaba leyendo un cuento de cuando Don Quijote encontró a un chico que se llamaba Aitor y a una chica. Los dos jóvenes habían salvado a la nación de España por haber matado a Crisóstomo. Para dar las gracias, Don Quijote les dio un collar de oro. Un collar que yo llevo al cuello.

Finito.

Un cuento de Sif y Salome.